Discurso

Los procesos del pensamiento

La conducta humana agresiva ha sido muy estudiada. Algunas ideas sobre como se argumenta desde el pensamiento del agresor y la víctima son las siguientes y están en la base del ciclo de las relaciones de poder y su perpetuación.

  • Cuando una persona hace daño a otra se produce un proceso cognitivo, encaminado a justificar ese acto. Se produce una disonancia cognitiva, una tensión que amenaza el autoconcepto del agresor. Esta disonancia se puede disminuir de muchas formas:
    • Conseguir convencerse de que herir y hacer daño, en realidad no fue algo tan malo, por ejemplo cerrando los ojos a todas las excelencias que puede ver en la otra persona y considerándola por tanto, digna de ese trato. Considerar que se lo mereció por que llevaba un rato provocándole, o la provocación fué muy dolorosa. Esto es especialmente así, cuando la víctima es inocente.

    Además de lo anterior siempre presente, se aumenta la eficacia si se puede

    • Conseguir convencerse de que “fue algo mínimo”, la víctima “exagera/no escucha/mal interpreta “. Estas conversaciones, nunca tienen testigos que tomen notas de la comunicación verbal y no verbal. Se trata de convencer a la otra persona y a sí mismo.
    • Conseguir evitar la responsabilidad de la conducta, atribuyéndola a factores que le enajenan como el consumo de drogas o alcohol, una historia infantil de maltrato, una ira incontrolable, etc. Circunstancias en las cuales no es responsable de lo que hace, su imagen está a salvo. Entonces puede asumir los hechos y movilizar la segura comprensión y disculpa de la vívtima.

    Cualquiera de las formas elegidas reduce la disonancia y prepara el escenario para la siguiente agresión: una vez que se menosprecia a una persona se hace más fácil herirla en el futuro.

    Pero ¿Qué pasa si la vícitma no es del todo inocente?. ¿Si de verdad le ha provocado? Las investigaciones demuestran que incluso cuando la persona objeto de agresión es culpable, la descarga de agresividad no disminuye la rabia, ni los sentimientos negativos, ni la tendencia a volver a agredir. Los aumenta.

    Cuando se produce una reacción desproporcionada a la agresión recibida (en el caso de la violencia contra las mujeres y los niños lo es, porque existe una desproporción de fuerza física), se produce la misma disonancia que cuando la víctima es inocente, ya que no se corresponde lo que hizo la víctima con la envergadura de la venganza. Esta discrepancia debe ser justificada: denigrando a la víctima de la ira después de herirla. Además, si es posible, se intentará reducir la percepción psicológica de la intensidad de la agresión o negarla o aumentar la intensidad de la agresión recibida y evitar la responsabilidad sobre dicha agresión.

  • El maltrato infantil, como la violencia de género y la violencia institucional, viene acompañado de un discurso que acompaña los golpes. Tienen en común que aparecen en sistemas humanos, donde no solo se dan comportamientos abusivos y violentos, sino un sistema de creencias que permite a quien abusa justificar la violencia. El agresor exonera la culpa y responsabiliza a la víctima de la agresión que ha realizado, como anteriormente explicamos, realizando una definición negativa de la víctima. Si la victima no consigue devolver al agresor su responsabilidad, normalizará la violencia y la incorporará en su repertorio conductual.
  • El papel del entorno en este proceso es de cómplice del agresor, si guarda silencio ratificando el discurso cognitivo y carácter privado de la situación, legitimando la violencia; o de apoyo a la víctima, si desmonta el patrón y censura de modo claro y contundente la violencia, con un discurso ideológico contrario.
  • La devolución al agresor de la responsabilidad ante su violencia, es un trabajo terapéutico, que requerirá tiempo y la construcción de una relación de confianza suficiente para poder abordar un conflicto importante, puesto que habitualmente esta tanto la violencia contra la mujer, como la violencia infantil, es ejercida por personas significativas, cuya imagen protegen las propias víctimas, fuertemente vinculadas, por la violencia.

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