Dinámica

Comprendiendo la violencia

La violencia es un acto que tiene como resultado un daño o sufrimiento y que se realiza con la intención de causar ese daño o sufrimiento; bien de forma hostil (la agresión es un fin en sí misma, porque uno/a está furioso/a, por ejemplo), bien de forma instrumental (se utiliza la agresión para conseguir algo o para evitar algo, es un instrumento para alcanzar un fin).

Es importante esta matización, puesto que con frecuencia, nuestra atención está puesta en los resultados de modo natural y también con frecuencia los resultados que vemos son los concretos, los físicos, los palpables e inmediatos.

La siguiente tabla da algunas claves sobre las características de las relaciones basadas en el “poder sobre”, está tomada de la “Guía para mujeres maltratas” de Ángeles Álvarez Álvarez.
Dinámica de las relaciones de control y dominio: relaciones violentas

Se ha intentado desde distintas teorías psicológicas y sociales explicar el origen de agresividad y lo que es más importante: su funcionalidad para el ser humano, para qué sirve.

Los estudios actuales sugieren que el conflicto relacionado con la agresión puede conducir a un estado de elevada tensión emocional en los seres humanos. Nos parece importante señalar esta idea porque parece ser lo que está en la base de algunos mitos relacionados con la violencia en general. Por ejemplo, la necesidad imperiosa de la descarga de la ira, como un acto incontrolable e incluso saludable y por otro lado, el carácter acumulativo de la provocación, como efecto desencadenante de dicha descarga.

Entre los humanos, las agresiones no sólo dependen de las tensiones, de lo que uno siente, también depende de lo que uno piensa.

Después de haber agredido a una persona, es más fácil hacerlo por segunda vez. La primera vez hay que superar, desarmar las inhibiciones contra acciones de este tipo; se legitima la agresión y se hace más fácil realizar otro ataque. Más aún, la ejecución abierta de un acto de agresión, incrementa los sentimientos negativos hacia el receptor de la agresión y, por tanto, aumenta la probabilidad de otra futura agresión contra esa misma persona.

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